A propósito del Foro de la Revista Semana sobre la corrupción en Colombia , mi aporte al tema desde las neurociencias es que uno de los orígenes de ese gran monstruo llamado corrupción está en el cerebro y en la forma cómo gestionamos la moral desde pequeños. Así es, el origen se produce en una zona del cerebro a la que llamamos región orbito frontal, allá mismo donde se conectan las emociones y la moral, área que se desarrolla y se puede entrenar a lo largo del ciclo vital. Nos preguntamos ¿cómo un sujeto termina volviéndose corrupto?, una de las respuestas desde las neurociencias podría ser, depende de cómo se gestionan sus emociones a través de las experiencias y el contexto desde que somos niños, adolescentes y se consolida con otros procesos cuando somos adultos. El control de las emociones de las personas, su gestión como tal para distinguir entre lo que está bien o no sin perjudicar a otros, el sentir malestar cuando tomo algo que no me corresponde, requiere entrenamiento....