¿Por qué pasan estas cosas en nuestro país?, ¿hasta cuándo cambiaremos la cultura del importaculismo y la indiferencia ciudadana?. Tanta abstención, en un acto importante para la democracia que decide,que ejerce el derecho a votar, y en un escenario anticipado para el futuro del país, debe llevarnos a reflexionar sobre el comportamiento político, cultural y social que se nos volvió costumbre a los colombianos.
¿Será que debemos aceptar vivir en una sociedad superficial e indiferente y seguir creyéndonos el cuento, que así somos ciudadanos y si hacemos o no hacemos no cambiamos nada?; ¿debemos permitir usar tantas mentiras en las campañas para desprestigiar y opacar la buena fe e intención de otros?; ¿debemos permitir que los "avivatos y moralistas del bien y del mal" sean quienes nos gobiernen y decidan por nosotros?; hasta cuando aceptaremos como costumbre la intención de imponer verdades, en procesos donde la verdad hay construirla paso a paso, aceptando diferencias y cediendo de parte y parte para que todos ganemos (maximizar beneficios) entre diversas posiciones.
Tal vez haya que hacer una labor gigante de verdadera reconciliación entre un país que quedó polarizado por personas o supuestos líderes que desean perpetuarse en el poder, dejando división de familias, comunidades, redes humanas y bases sociales, por "líderes" que afectan a sus propios ciudadanos, no son líderes efectivos ni positivos dentro de una sociedad, son más bien personas con poder y posición social, que dirigen para los intereses de unos cuantos sin importar las consecuencias en los otros, pero no son líderes por sus características (ejemplo: Hitler, Chávez y otros personajes mal llamados líderes, que ya sabemos, abundan en nuestra sociedad y hasta se hacer ver como figuras mesiánicas) y eso lo digo desde lo que afirman quienes estudian las teorías sobre liderazgo y específicamente el ejercicio del liderazgo efectivo (Ronald Heifetz); hay que hacer una gran labor de pedagogía entre las bases sociales olvidadas hace mucho tiempo, buscar ser justos bajo las reglas institucionales, democráticas y éticas, pero ser éticos de verdad y vencer la vieja costumbre "el que da papaya pierde" y que "la corrupción es difícil controlarla y eliminarla", esas costumbres debemos vencerlas para que la sociedad evolucione y avance hacia la paz y la sana convivencia.
Necesitamos diálogos para hacer valer las posiciones con argumentos, con formación en resolución de conflictos e información de las partes, negociar con preparación y no por ejercer el poder de imponer una verdad, o aprovecharse de las ventajas desde cargos públicos o políticos con el afán de perjudicar a otros por venganza y resentimientos; el ejemplo, nos lo dan las cifras de votación y actos de quienes fueron los más afectados y víctimas, que de muchas maneras enviaron un mensaje buscando apoyo de una sociedad, que parece ser no escuchó y terminó actuando de manera indiferente o en contra del mismo proceso que traería beneficios aunque fueran imperfectos para todos, y peor aún, algunos ni se inmutaron porque no salieron a votar en una decisión fundamental para el país.
No me parece que como colombianos que defendemos la ética y los procesos democráticos, debamos permitir verdades construidas con mentiras y engaños en las campañas políticas, que en este caso son en doble vía, tanto los promotores del plebiscito por la paz por el sí como los promotores del no las usaron, haciendo alusión a juicios y verdades, pero de esas que saben imponer estrategas neurolingüísticos y que mueven masas haciendo sentir culpa, miedos, pecados (aprovechándose de la respuesta del cerebro visceral y reptiliano), con maniobras engañosas y juicios a modo de condenas religiosas o políticas.
Los que tienen poder en este país, pareciera a veces, controlar las mentes de sus seguidores, como si fueran grupos religiosos pero con tendencias políticas radicales definidas, funcionando como sectas frente a sus seguidores que actúan como "ovejas al despeñadero" (me disculpo por usar la ovejas en esto) y no como sujetos políticos y grupos que se construyen desde las bases a través de diálogos y diversas posiciones, atendiendo también a las necesidades sociales, culturales y políticas de distinto orden; hasta cuándo seguiremos entonces, permitiendo el uso de publicidad engañosa con esas verdades que perjudican y vulneran nuestro sistema político y ponen en riesgo las instituciones.
Nuestro país debe avanzar política y socialmente hacia una cultura ciudadana que busque el interés general sobre el particular, en donde se construya ganancias y se generen mutualismos para crecer entre amigos, sectores o vecinos, hacia una cultura que enseñe valores para la Paz y la convivencia entre ciudadanos que tienen los mismos derechos y no se discrimina por estratos o formas de pensar.
El país debe superar las conveniencias políticas de algunos y pensar en el futuro de todos, nuestros líderes deben aceptar su responsabilidad con humildad y reconocer los errores que comenten para avanzar de manera clara y con cabeza fría hacia las metas que le sirvan a todos.
¿Será que debemos aceptar vivir en una sociedad superficial e indiferente y seguir creyéndonos el cuento, que así somos ciudadanos y si hacemos o no hacemos no cambiamos nada?; ¿debemos permitir usar tantas mentiras en las campañas para desprestigiar y opacar la buena fe e intención de otros?; ¿debemos permitir que los "avivatos y moralistas del bien y del mal" sean quienes nos gobiernen y decidan por nosotros?; hasta cuando aceptaremos como costumbre la intención de imponer verdades, en procesos donde la verdad hay construirla paso a paso, aceptando diferencias y cediendo de parte y parte para que todos ganemos (maximizar beneficios) entre diversas posiciones.
Tal vez haya que hacer una labor gigante de verdadera reconciliación entre un país que quedó polarizado por personas o supuestos líderes que desean perpetuarse en el poder, dejando división de familias, comunidades, redes humanas y bases sociales, por "líderes" que afectan a sus propios ciudadanos, no son líderes efectivos ni positivos dentro de una sociedad, son más bien personas con poder y posición social, que dirigen para los intereses de unos cuantos sin importar las consecuencias en los otros, pero no son líderes por sus características (ejemplo: Hitler, Chávez y otros personajes mal llamados líderes, que ya sabemos, abundan en nuestra sociedad y hasta se hacer ver como figuras mesiánicas) y eso lo digo desde lo que afirman quienes estudian las teorías sobre liderazgo y específicamente el ejercicio del liderazgo efectivo (Ronald Heifetz); hay que hacer una gran labor de pedagogía entre las bases sociales olvidadas hace mucho tiempo, buscar ser justos bajo las reglas institucionales, democráticas y éticas, pero ser éticos de verdad y vencer la vieja costumbre "el que da papaya pierde" y que "la corrupción es difícil controlarla y eliminarla", esas costumbres debemos vencerlas para que la sociedad evolucione y avance hacia la paz y la sana convivencia.
Necesitamos diálogos para hacer valer las posiciones con argumentos, con formación en resolución de conflictos e información de las partes, negociar con preparación y no por ejercer el poder de imponer una verdad, o aprovecharse de las ventajas desde cargos públicos o políticos con el afán de perjudicar a otros por venganza y resentimientos; el ejemplo, nos lo dan las cifras de votación y actos de quienes fueron los más afectados y víctimas, que de muchas maneras enviaron un mensaje buscando apoyo de una sociedad, que parece ser no escuchó y terminó actuando de manera indiferente o en contra del mismo proceso que traería beneficios aunque fueran imperfectos para todos, y peor aún, algunos ni se inmutaron porque no salieron a votar en una decisión fundamental para el país.
No me parece que como colombianos que defendemos la ética y los procesos democráticos, debamos permitir verdades construidas con mentiras y engaños en las campañas políticas, que en este caso son en doble vía, tanto los promotores del plebiscito por la paz por el sí como los promotores del no las usaron, haciendo alusión a juicios y verdades, pero de esas que saben imponer estrategas neurolingüísticos y que mueven masas haciendo sentir culpa, miedos, pecados (aprovechándose de la respuesta del cerebro visceral y reptiliano), con maniobras engañosas y juicios a modo de condenas religiosas o políticas.
Los que tienen poder en este país, pareciera a veces, controlar las mentes de sus seguidores, como si fueran grupos religiosos pero con tendencias políticas radicales definidas, funcionando como sectas frente a sus seguidores que actúan como "ovejas al despeñadero" (me disculpo por usar la ovejas en esto) y no como sujetos políticos y grupos que se construyen desde las bases a través de diálogos y diversas posiciones, atendiendo también a las necesidades sociales, culturales y políticas de distinto orden; hasta cuándo seguiremos entonces, permitiendo el uso de publicidad engañosa con esas verdades que perjudican y vulneran nuestro sistema político y ponen en riesgo las instituciones.
Nuestro país debe avanzar política y socialmente hacia una cultura ciudadana que busque el interés general sobre el particular, en donde se construya ganancias y se generen mutualismos para crecer entre amigos, sectores o vecinos, hacia una cultura que enseñe valores para la Paz y la convivencia entre ciudadanos que tienen los mismos derechos y no se discrimina por estratos o formas de pensar.
El país debe superar las conveniencias políticas de algunos y pensar en el futuro de todos, nuestros líderes deben aceptar su responsabilidad con humildad y reconocer los errores que comenten para avanzar de manera clara y con cabeza fría hacia las metas que le sirvan a todos.

Pido a cada ciudadano ponerse la mano en el corazón y pensar también con la razón sobre la
situación que vivimos como sociedad y que nos debe importar hoy y siempre, porque desde cualquier lado nos afecta a todos (desde la economía, la salud, la seguridad, la educación, la dignidad humana y el buen vivir día a día, etc); los invito a ser ciudadanos activos, pero de aquellos que conocen sus derechos, los ejercen y los defienden, a que actuemos como tal; reconozcamos que tenemos serios problemas políticos, sociales y ambientales, que el país nos necesita a todos y que debemos cooperar y no esperar a que otros hagan o decidan por nosotros.
El afán de algunos por escalar más poder o por vanidad política sin tener en cuenta a las bases ciudadanas, no se puede convertir en la urgencia para la mayoría. Creemos diálogos y oportunidades de construir entre todos en diferentes espacios, mirándonos al lado los unos a los otros, no por encima o por debajo de las posiciones de otros, somos ciudadanos pero sobre todo colombianos.

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